Romangordo: Ruta de los trampantojos

Romangordo: Ruta de los trampantojos

Romangordo es un municipio de la provincia de Cáceres que hemos visitado este verano disfrutando de su famosa «ruta de los Trampantojos». ¿Pero que es un «trampantojo»? Este término proviene del francés y significa trampa para el ojo, es decir, se trata de un ilusionismo. En este caso se refiere a pinturas murales muy realistas que cubren todo el pueblo de Romangordo. En un total de 99 entre murales escritos, pinturas de pared y de puertas.

El inicio de esta ruta comienza en la Casa de los aromas (que es también la oficina de turismo) compuesta por un bonito jardín lleno de especies aromáticas como la lavanda, salvia, romero, o incluso arboles frutales como el naranjo. También cuenta con una sala con algunos recursos interpretativos además de un centro de interpretación donde se realizan talleres de esencias.

Después de pasear por sus instalaciones y por su aromático jardín comienza la ruta por el pueblo con mapa en mano para seguir el camino marcado por sus calles y así no perderse ninguna pintura. Igualmente, si se prefiere, se puede ir libremente por cualquier calle que se quiera. Su oficina de turismo nos propone un recorrido más fijo para no perder ningún «tramapantojo» pero al final el paseo lo escoge cada uno.

Aquí comenzamos en familia a ver un municipio lleno de pinturas de gran calidad que reflejan la vida tradicional de los pueblos. Podemos encontrar antiguos oficios (el zapatero,el boticario, la panadera, la telefonista, la barbería…) utensilios de antaño, el campo (arando la tierra, ordeñando cabras y vacas, la dehesa y los huertos…) tejiendo en telares, la escuela, los juegos tradicionales para los niños, las calles y sus gentes (la lavandera, mujeres yendo con cántaros a por agua, haciendo chorizos, quesos, moliendo el trigo…)

En cuanto a los escritos podemos ver poemas de Machado, cuentos de Gloria Fuertes e incluso líneas de El principito. Todos muy interesantes por los que vale la pena pararse y leer con atención.

Para los niños fue muy interesante correr de un lado a otro buscando cada una de las pinturas y gritar: ¡He encontrado uno! ¡Otro por aquí!, e intentar llevar la cuenta hasta los 99 que nos informaron en la Casa de los Aromas que habían en todo el pueblo. Al final, se cansaron de contar pero siguieron buscando sin parar.

También fue muy educativo explicarles a nuestros hijos cada mural lo que representaba y ellos poder ver de de una manera ilustrada cómo era la vida de sus abuelos cuando eran pequeños y demás generaciones.

El recorrido no os llevará más de dos horas pero podéis tomar el tiempo que necesitéis (los nuestros pararon a jugar en la plaza y también nos sentamos un rato a descansar).

Al final salimos con un buen sabor de boca al ver cómo pueblos pequeños se reinventan de una manera original para no quedar en el olvido.

 

Anaís Mamma Bear