Cal Serrats: Una mañana como pastores

Cal Serrats: Una mañana como pastores

A una hora de Barcelona, en la población de Argençola (dentro de la comarca de l’Anoia) una familia catalana de ganaderos de ovejas y cabras nos proporcionan una experiencia digna de hacer, por lo menos, una vez en la vida: Vivir una mañana como pastores.

Se trata de un plan en medio de la naturaleza para aprender sobre la vida en el campo, disfrutar de la sencillez y tranquilidad y pasar un día en familia muy divertido.

Hace unos años (en 1998 concretamente) Gemma, una estudiante de veterinaria sin ningún tipo de linaje con la ganadería, conoció a Josep María, un joven de familia de ganaderos con tierras y animales. De su unión se formó una bonita familia que incluye tres niños con una vida en la que disfrutan de la naturaleza, el campo y los animales.

Su granja es una explotación ganadera que vende carne ecológica de cordero por encargo. Ese es su principal ingreso como medio de vida pero, ya hace unos años decidieron abrir las puertas de su casa (literalmente) a familias que quieran disfrutar de la vida rural durante un día y aprender el día a día de una auténtica familia de pastores.

Dependiendo de la temporada del año la experiencia comenzará a una hora u otra de la mañana (estad preparados para madrugar un poco ya que las ovejas salen pronto a hacer su paseo diario). Es importante reservar con Gemma la fecha concreta y ella os guiará según la hora de salida.

En nuestro caso, el año pasado ya les conocimos pero nos gustó tanto que este año hemos decidido repetir (además, nuestro pequeño, ha sido más consciente de todo y ha disfrutado como nadie entre tanta oveja y cabra).

Al llegar a la granja, nos encontramos al padre de la familia, en su tractor, con uno de sus hijos y nos saludan con mucha cercanía, abriéndonos las puertas de su casa. Mientras llega Gemma, encontramos varios gatos adultos y bebés paseando por la zona, perros pastores, un huerto con hortalizas y la casa familiar. También podemos ver gran parte de las ovejas y las cabras adultas en un amplio cercado.

Cinco minutos más tarde ya aparece Gemma en su bici (esto pinta muy bien), se presenta y ya comienza a contarnos anécdotas familiares y de la granja. Nos cuenta la rutina de trabajo y empezamos a preparar el desayuno de las ovejas y las cabras mientras nos explica que tipo de cereales utilizan y las propiedades para los animales (no solo disfrutan los pequeños. Nosotros también aprendemos muchas curiosidades) . Es el momento de llamar al rebaño que viene “como loco” corriendo desde la otra parte de la granja hasta sus comederos. Los niños… alucinan. Mientras vemos como desayunan, vamos aprendiendo sobre ellas (sus características, raza, época de cría…).

Después nos toca saludar a las cabras “mamás” y aprendemos a ordeñarlas (tiene su truco… no es tan fácil como parece). Nuestros pequeños disfrutan mucho viendo cómo sale la leche que les dan a sus pequeños. Todas las cabras tienen nombre y a nuestros niños les encanta poderlas ir llamando y acariciarlas (algunas de ellas son muy mimosas).

Cuando ya ordeñamos a todas las cabras y llenamos varias botellas, nos vamos a la cocina familiar de la casa, poner toda la leche a hervir para luego probar (sus cabras están tratadas para que la leche que producen esté libre de las enfermedades que se pueden transmitir a través de ésta).  Es entonces el momento en que los pequeños (y mayores) vayamos a hacer un pipi y a prepararnos para salir a pastorear por la montaña.

Dependiendo de las edades de los niños, Gemma decide ir a un prado u otro, más cerca o lejos, a un terreno más llano o montañoso. En todo momento se preocupa mucho de los pequeños e incluso, para nuestra hija mayor, le proporciona un bastón para ayudarse por la montaña mientras conversa con ella de la mano.

Por el camino, nos cuenta curiosidades de las plantas (muy interesantes), del terreno, de la zona y de las ovejas y cabras. Ella responde a todas las preguntas que se le hacen sin perder la sonrisa y el buen humor. Es una persona muy paciente, amable y tolerante.

Si vais con niños muy pequeños, podéis llevar una mochilita o sillita portabebés para aguantar bien el camino y dejarlos “sueltos” cuando lleguéis a la zona llana de pradera en donde pueden jugar tranquilamente mientras los mayores nos sentamos, picamos algo y escuchamos atentos a Gemma. Es importante llevar ropa cómoda, que se pueda manchar, y zapatillas con un poco de agarre para los caminos de piedras y la zona de montaña.

Las ovejas y las cabras van tranquilas comiendo por donde les apetece, en rebaño y, volvemos cuando ellas ya están casi llenas. Nos damos cuenta cuando comienzan (ellas solas) a hacer el camino de vuelta. Ellas mandan así  que  vamos volviendo vigilando con ayuda de Estrella, uno de los perros pastores, que ninguna oveja o cabra se quede por el camino y acaben todas llegando sanas y salvas a casa.

Después, Gemma nos conduce a donde viven los corderos bebés y preparamos la paja para ellos mientras nos cuentan su ciclo de vida, alimentación y curiosidades.

Al terminar toca probar nuestra leche recién ordeñada de cabra (que hervimos previamente). También tenemos de la suerte de probar un trozo de queso Mató que prepararon la familia un día antes. Todo riquísimo y en su propio comedor y cocina.

Una experiencia para repetir, familiar, en contacto con la naturaleza y la vida del campo. ¡¡¡Súper recomendable!!!

Muchas gracias a Gemma, Josep María y toda su familia por su hospitalidad y por mostrarnos su vida tradicional, hacernos pasar un día genial  y poder sentirnos Pastores por un día.

 

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